miércoles, diciembre 07, 2005

Rosarium Abbreviatum

Advierte, estimado lector, que lo que sigue es algo muy auténtico
para toda persona inteligente.

El primer preparado y fundamento del arte consiste en la Disolución,
es decir, la reducción del cuerpo a agua, o sea, a mercurio. A esto
lo llamaron Disolución diciendo: disolved todo lo que está oculto en
el cuerpo de la magnesia a fin de reducirlo a su materia prima, de
modo que se convierta en azufre y mercurio, que no sea retornado al
agua. Nuestra Disolución no es otra cosa sino que el cuerpo retorne
al estado líquido, y que la substancia se disuelva hacia la
naturaleza del mercurio, y que la salinidad del azufre sea disminuída
por los suyos, a fin de que aparezca el azufre divino, una vez
substraído de los dos azufres, cuando el espíritu se antepone al
cuerpo.

El segundo preparado tiene lugar cuando el agua se transforma en
cuerpo, ya que uno no se disuelve si no se coagula el otro, porque el
cuerpo, tras absorver el mercurio, lo coagula y es coagulado por
éste, convirtiéndose así en tierra. Esta es la máxima del
procedimiento, sobre la cual dicen los Filósofos: el agua es
engendrada de la tierra, porque el agua se convierte en tierra cuando
es vencida por las cualidades de la tierra, y la tierra se convierte
en agua cuando es vencida por las cualidades del agua; hágase pues la
disolución del cuerpo y la coagulación del espíritu de manera que
tengan lugar en una sola operación, y hágase un solo bronce, al que
nada más se añada del exterior, excepto lo que en una preparación
rebosante se quite con los instrumentos.

Tercer preparado: La tierra se ara y se riega, y la señal de Dios es
representada en el fuego y en el agua, y ésta es la tercera máxima de
esta obra, tal y como dicen los Filósofos: La tierra se pudre con el
agua y es purificada, entonces, con ayuda de Dios y acabado el
magisterio, continua limitadamente, ya que la tierra no germina sin
riego frecuente ni sin previo desarrollo. Esto lo saben tanto las
mujeres como los niños, sus semillas y sus frutos son conducidos
hacia la perfección en el huerto.

Por eso los Filósofos dijeron: El trabajo de la naturaleza no es sino
cosa de mujeres y juego de niños. Por eso el cuerpo es tantas veces
embebido como desecado, de forma sucesiva, porque se ha de aplicar un
peso a todo peso, una medida a toda medida y una obra a toda obra.

Y ahora se sigue la perfecta putrefacción de los Filósofos, y la
putrefacción de éstos no es sino la destrucción de lo húmedo con lo
seco, dado que la humedad sólo es alejada por la sequedad y aunque el
frio húmedo rechace al fuego, sin embargo es retenido por lo seco,
pues las cosas pesadas no pueden ascender sin la ayuda de las
ligeras, ni las ligeras pueden precipitarse sin la ayuda de las
pesadas, de no ser con un escorpión (ariete).

Cuarto preparado: La Naturaleza se complace con la Naturaleza, ya que
con ella se regocija; la Naturaleza vence a la Naturaleza porque la
persigue y la abarca, y la obra es llevada a cabo por voluntad de
Dios. Esta es la cuarta máxima de la obra, de la cual hablan los
Filósofos, y que puede ser denominada Sublimación o Adopción. El agua
misma se transforma en agua de bronce, tan pronto como es espesada y
solidificada con tierra y esto es por la interposición, por supuesto,
de su naturaleza cercana; por esta razón, la Naturaleza se complace
con la Naturaleza y se regocija, ya que la retención de sí misma es
su cercanía.

Tan grande es la cercanía entre la Naturaleza y la Naturaleza, como
lo es entre el diamante y el hierro, e incluso aún mayor dado que en
orígen son una sólo y no diversas, así como por sus cualidades, pues
el espíritu es la destrucción del cuerpo de la otra, con una muerte
imperceptible, y por eso la Naturaleza vence a la Naturaleza
destruyendo y vivificando sin duda a los cuerpos, porque de ello
mismo fue en orígen y hacia esto es convertido, aumentado y
multiplicado, y Dios extrae varios a partir de uno solo; por eso, la
Naturaleza contiene a la Naturaleza, y persigue a la Naturaleza y es
perfeccionada.

Quinto preparado: Nuestro espíritu es delator de las virtudes del
alma porque nuestro bronce, como el hombre, tiene espíritu, cuerpo y
alma. Esta es la quinta máxima de nuestra obra, sobre la cual dicen
los Filósofos: ciertamente, su espíritu es agua, su alma es tintura,
su cuerpo es tierra y el espíritu es espíritu, y así como el cuerpo
es la atadura del alma misma, también el cuerpo es algo seco y fijo,
reteniendo al espíritu y al alma. El espíritu, por consiguiente,
penetra al cuerpo y el cuerpo fija al espíritu, el alma une,
purifica, blanquea y tiñe.

Sexto preparado: Se varía y se cambia de un color a otro hasta que
llega al objetivo del blanqueo y del enrojecimiento, sobre lo cual
dicen los Filósofos: muchas veces amarillea y muchas veces ennegrace,
muchas veces se seca y se licúa. Fijate que la Piedra Filosofal está
compuesta de dos naturalezas, una húmeda y la otra seca, y cuando son
cocidas se convierten en una sola, ya que ni una ni otra se abandonan
mutuamente y se las llama una sola naturaleza; mientras perdure la
humedad ennegrece, pues el calor actuando con lo húmedo genera
primeramente la negrura, y con lo seco genera la blancura, y en lo
blanco genera lo amarillento tal y como aparece en el plomo cuando
hacemos minio.

Date cuenta de que nuestra piedra es vinagre muy agrio (Acetum
Acerrimum) con lo cual debe tomarse la máxima precaución para que no
se convierta en humo a causa de un fuego excesivo y destruya la
operación. La negrura se pierde, ya que una vez que la tierra es
secada y blanqueada, al sobrevenir la sequedad se lleva consigo su
régimen y el humo penetra en su cuerpo y el espíritu es retenido por
lo seco; entonces cesará la negrura descubriendo lo deformado, y se
hace blanco, brillante, claro; entonces se casa a la mujer blanca con
el marido rojo, luego lo recibe a él y lo abraza y entonces el rey
coronado con la diadema clama: "Yo soy el hijo blanco, negro y rojo,
y soy el hijo de la blancura y el hombre del cambio", y por eso dicen
los Filósofos: Cocedlos hasta que se vuelvan negros, luego blancos,
después amarillos y luego, tiñéndolos, se vuelvan elixir (Venenum),
ya que cuanto más se cuezan más se secarán y más se blanquearán. En
tercer lugar, cuanto más sean cocidos más se enrojecerán, hasta que
se concluya.

En la Disolución el fuego ha de ser lento, en la Sublimación medio,
en la Coagulación moderado, en el blanqueo contínuo y en el
enrojecimiento fuerte. Aquel que se equivoque, a causa de su
ignorancia en este tipo de cosas, deplorará este error muy a menudo;
por tanto, la substancia cuya cabeza es roja, los pies blancos y los
ojos negros es el magisterio. Si el triángulo es completado en el
cuadrado, entonces la piedra es dignificada con honor.

Séptimo preparado: La piedra bendita es multiplicada y perfeccionada
cuando la totalidad de lo fijo sea fijado con ella hasta que fluya, y
por eso los Filósofos dijeron: Después de que, mediante la
sublimación, hagas volátil la piedra ya fija, uniendo filosóficamente
por las cantidades más pequeñas para que todo lo sutil se eleve en
los vasos, luego fíjala, y si esto no sucede añadele cierta cantidad
de parte no fija, para que el total de lo volátil revase al total de
lo fijo hasta que baste para que ella misma se eleve, puesto que si
vence la totalidad de lo fijo, volará y si no lo vence huirá con la
substancia. Por consiguiente, que se repita la operación con lo que
haya sido elevado una y otra vez en su totalidad, hasta que todo sea
fijado a través de esta sublimación y solidificación, pero cuando
todo haya sido fijado entonces repite la parte de lo no fijo y
embebee antes la máxima cantidad que se pueda, mediante el
procedimiento que ya conoces, hasta que sea todo elevado.

Por último se vuelve a fijar hasta que la fusión se presente ligera
como la cera y sea alterada por el complemento Solífico y Lunífico.
Así, de cuanto hayas preparado mediante la repetición de él mismo,
resultarán por multiplicación, tantos grados de cambio y cualidad, de
modo que cada uno de los cuerpos imperfectos y el propio mercurio, se
transforme eternamente en auténtico Lunífico y Solífico. Y por eso,
concluyendo, los Filósofos deben aguardar cerca del vaso y observar
las maravillas que tienen lugar cuando se transmuta de un color a
otro mejor, hasta que llegue al objetivo del blanqueo y del
enrojecimiento.

Así pues, toda la dirección en el régimen de esta obra está en la
moderación del fuego. A partir de aquí, apaga el fuego y deja que se
enfríe, y encontrarás la piedra, un cuerpo semejante a una perla
(margalitale) del color de la amapola silvestre, y esta substancia es
enceradora, licuante y penetrante, y una libra se corresponde con
cada mil millares y doscientos mil, conviertiendo contínuamente todo
el cuerpo en óptimo oro o plata, según sea la propiedad del elixir.

Este específico se licúa muy rapidamente con el fuego y se solidifica
con el aire, ya que el humo, al percibir el aire, penetrará en el
cuerpo y el espíritu será retenido por lo seco, y se forma un solo
cuerpo fijo como si fuera elixir y fermento, incorruptible mientras
el mundo se mantenga en pie. En conclusión, date cuenta de que el
mercurio, el plomo, el bronce, el minio, el azufre, no son los
vulgares, sino que nuestro azufre es azufre divino, extraído de los
dos azufres, lo cual se denomina, azufre de azufre y mercurio de
mercurio, llamado por los Filósofos vinagre muy agrio, y estos dos, a
saber, azufre y mercurio real y esencialmente en dicho vinagre, y
esto es, en la anteriormente citada humedad de nuestra piedra hay una
única naturaleza de la piedra misma. Conteniendo, de esta forma, al
auténtico oro, plata, plomo, minio y bronce, y están en el cuerpo
físico vulgar, cuyo nombre propio encontrarás en las siete
proposiciones, y que alabe a Dios.

Explicit Rosarium abbreviatum ignoti.